El confinamiento llegó a nuestras vidas de la noche a la mañana. A pesar de haber estado siguiendo las noticias de cómo iba avanzando la pandemia por todos los países del mundo, llegado el momento lo vivimos con gran miedo e incertidumbre. 

Síndrome de la Cabaña
Fuente. Villa María del Triunfo Salud
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La preocupación por contagiarnos y no sobrevivir, hizo que muchas personas convirtieran el hogar en su búnker particular. O lo que es lo mismo, una “cabaña” donde sentirse seguros y protegidos de cualquier mal. 

Las largas semanas de encierro hicieron que perdiéramos el contacto con nuestros seres queridos, nos ausentáramos del trabajo de forma presencial, nos alejáramos de los amigos, y dejáramos de poner en práctica todo tipo de actividades. Desde hacer deporte, quedar con nuestra pareja o incluso, dejar de tener encuentros sexuales con una escort

Tiempo después, con la llegada de la desescalada, poco a poco volvimos a retomar algo de libertad. Paseos diarios, deporte al aire libre, terrazas de bares y restaurantes con aforo limitado, vuelta al trabajo… Esta vuelta progresiva supuso para muchos un respiro y un nuevo ánimo para afrontar con energía la nueva realidad. 

Sin embargo, para muchas personas, la desescalada llegó muy temprano. El miedo a relacionarnos con otras personas que no fueran parte de nuestra casa, mantener sexo con escorts profesionales, la vuelta al trabajo físico, coger medios de transporte, entre otras muchas cosas, dio paso al “síndrome de la cabaña”.

¿Por qué nos da miedo salir a la calle?

El síndrome de la cabaña no es un trastorno psicológico, por lo que no hay definición oficial que defina este estado. De lo que se habla es de una consecuencia natural que afecta a las personas tras un largo periodo de tiempo confinados.

No hay que olvidar que la COVID-19 es una amenaza real que está acabando con la vida de miles de personas en todo el mundo, por lo que el miedo a vernos expuestos a él cuando salimos de casa se activa casi de forma automática en nuestro cerebro para protegernos de él. 

A esto hay que sumar los sentimientos de frustración y enfado al ver que hay personas que no respetan las normas sanitarias o se saltan las restricciones, así como la ansiedad que vivimos al ver como vuelven a subir los contagios tras una relajación.

Síntomas del «síndrome de la cabaña»

El síndrome de la cabaña provoca una serie de síntomas y reacciones emocionales y cognitivas que pueden incluso confundirse con la ansiedad y la depresión, pero que no llegan a constituir ese cuadro clínico. Entre ellos destacan:

  • Miedo, angustia y nerviosismo
  • Dificultad para la concentración y déficits de memoria
  • Problemas para conciliar el suelo
  • Trastornos en la alimentación, incremento del consumo de alcohol y tabaco
  • Apatía y falta de motivación
  • Rechazo a los contactos sociales o a realizar actividades realizadas en el exterior

Cómo superar el síndrome de la cabaña

Hay que aceptar que este virus no es pasajero, ha llegado para quedarse y hay que aprender a vivir con él, por lo que tenemos que sacar fuerza para enfrentarnos a nuestros miedos y retomar nuestra rutina, sin dejar de extremar las medidas de precaución.

  • Acepta tus emociones. Estamos ante una situación extraordinaria y no pasa nada por sentir lo que estás viviendo.
  • Realiza tus salidas de forma gradual
  • Retoma el contacto con tus familiares y amigos de forma segura. Poco a poco verás como todo tu círculo de confianza está vacunado.
  • Retoma tus relaciones personales y vida sexual. Si no todavía no quieres un contacto presencial, puedes practicar sexo online con tu pareja o una escort.
  • No te dejes llevar por el catastrofismo. No alimentes tus miedos o inseguridades con información no contrastada o que leas en chats o redes sociales
  • Gestiona tu rabia. Es cierto que habrá gente que lo esté haciendo mal, pero piensa siempre que son muchos más los que lo están haciendo bien. 
  • Busca ayuda. Si crees que necesitas ayuda de un profesional, no dudes en acudir a él. 

La comunicación en estas situaciones es vital. Como hemos dicho, es normal sentir miedo, pero también lo es aprender a superarlo para poder retomar la rutina de vida anterior de manera gradual.

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